somos

agua erguida

En el tiempo sin nombre,

el agua discurría sin verse a sí misma.

Al contacto con la superficie terrestre, fue río, nube, hielo y tormenta.

Pero en su interior latía un deseo: conocerse.

En un arrebato mágico, abrazó los minerales de la tierra y se irguió.

Somos ese deseo encarnado...